El templado capitán Hernández, la voz de los pilotos de Avianca frente a Efromovich

El templado capitán Hernández, la voz de los pilotos de Avianca frente a Efromovich

Debutó enfrentando a un pasajero con una bomba, perdió a su hermano en una misión fallida del Ejército y tiene en sus hombros una huelga que paraliza a Colombia.

“Tengo una bomba”, fueron las palabras que el capitán Jaime Hernández escuchó en su primer año de haber entrado a la aerolínea Avianca. No llevaba más de 12 meses como copiloto de Fokker 50, uno de los aviones que lograron conectar las regiones más apartadas del país. Era 1996 y todavía quedaba el recuerdo de Pablo Escobar y las bombas de la guerra del narcotráfico contra el estado. “¿Sí tiene una bomba?”, le preguntó el capitán de la aeronave a Hernández; “la única forma de saberlo es que explote. No averigüemos, dele; créale y hagamos lo que dice el manual…”, le contestó. Para fortuna de los pilotos y de los pasajeros, solo se trataba de un borracho con una caja, pero como dice el capitán Hernández mientras lo recuerda sentado en su oficina, “que susto tan macho el que nos llevamos”.

El capitán Jaime Hernández Sierra es el presidente de la Asociación Colombiana de Aviadores Civiles, ACDAC, sindicato que actualmente tiene en jaque a la aerolínea Avianca por el paro que empezó desde el 20 de septiembre y que le deja a la compañía pérdidas cercanas a los 2 millones de dólares diarios y más de 2000 vuelos cancelados.

ACDAC está ubicada en el barrio Chicó, un exclusivo sector de Bogotá, pero la oficina del capitán Hernández dista mucho de estar llena de lujos. Tiene un tablero donde va escribiendo los nuevos pilotos que van ingresando de las diferentes aerolíneas del país, y como el resto de una oficina tiene un escritorio, un computador, una biblioteca y sillas. Lo que la diferencia es una veladora que siempre está encendida para pedirle a dios que lo guíe en su camino (es un hombre muy creyente) y varios cuadros entre ellos el de un helicóptero Black Hawk.

En 1982 el capitán Hernández vivía en Neiva con sus papás y hermanos. En esta misma época, la guerrilla del M-19 secuestra a Martha Nieves Ochoa, quien era la hermana menor del clan Ochoa, miembros del Cartel de Medellín. Pablo Escobar, en ese entonces, reúne a los capos de los carteles y forma el MAS (Muerte a Secuestradores) para presionar la liberación de Nieves Ochoa. Por su parte, las Farc arreciaban con Jacobo Arenas y Tirofijo a la cabeza. Hernández, con tan solo 9 años, veía cómo los helicópteros llegaban con soldados heridos o muertos; cómo salían con cartas de madres de familia a sus hijos y provisiones para una guerra que apenas empezaba y que tan solo hoy 35 años después, empieza a ver su fin.

“Para uno niño como yo era algo maravilloso ver un helicóptero. Vi a través de estos aparatos cómo se podía ayudar. Yo quería llevar la comida, quería ayudar a los soldados heridos, llevarle las cartas a las mamás y ayudar a las personas. Allí me enamoré de la aviación profundamente”, comenta el capitán mientras mira con nostalgia y de reojo el cuadro del helicóptero Black Hawk, que nunca pudo volar por temas económicos, y que se encuentra colgado en su oficina.

Estudió en la Escuela Militar de Aviación y en la Fuerza Aérea en el 1993 en donde aparte de la pasión por pilotar aeronaves despertó su orgullo y respeto por las Fuerzas Militares Colombianas que también heredó de su papá, Rafael Hernández y de la crianza de su madre, Marta Sierra. “El mejor regalo que nos dio mi papá fue el ejemplo. Qué valiente soldado”, afirma el capitán Hernández. Esa misma pasión fue la que llevó a su hermano a ingresar al Ejército quien hacia las 6:30 a.m. del 26 de febrero de 2003 perdió la vida junto a otros 23 militares, cuando el helicóptero 156 del Ejército cayó en zona rural de Pailitas en el Cesar mientras se disponía a apoyar una operación contra el ELN y las Farc.

El capitán Hernández se encuentra en ACDAC desde el año de ingreso a Avianca (1996) y hace parte de la junta directiva desde el 2011 siendo presidente de la misma. No es la primera vez que tiene roces con el mayor accionista de Avianca, Germán Efromovich. La última vez que se vieron cara a cara fue en el 2013 cuando empezó la negociación y reconoce que Avianca creció y es lo que es gracias a la visión de Efromovich pero “no le da derecho a hacer lo que está haciendo con nosotros. Si pudiera tenerlo al frente otra vez le diría que se sentara y que arregláramos esto ya. No por mí; por los pilotos; por Colombia por la empresa. Hemos recobrado la dignidad, ya ganamos. Nunca fue la plata, era una problemática de fondo. Podemos mirar a los colombianos y pedirles disculpas pero era algo que teníamos que hacer. No nos pueden pisotear. Por más que se levante la huelga, la huelga moral sigue. Va a tocar vivir otro proceso, no de huelga, sino de reconciliación más adelante. Efromovich ha dejado en los pilotos heridas muy profundas…”

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